LOS SIETE RETOS DE LA EDUCACIÓN COLOMBIANA (REFLEXIONES)

La educación en Colombia atraviesa en estos tiempos por una crisis notoria: La deficiencia en la cobertura de calidad, la falta de inversión adicional, la ausencia de planes efectivos de apoyo a los planes de mejoramiento en los colegios, la ineficacia en la aplicación de los estándares básicos de competencias, el fracaso en la aplicación de pruebas a estudiantes y, consecuentemente, los resultados desastrosos en las mismas, el papel indiferente de la escuela ante la imperiosa necesidad de enseñar la convivencia, la ética, la moral, la democracia y la ciudadanía, la apatía de nuestros niños y jóvenes con respecto a ciertas áreas del conocimiento a causa de los bajos niveles de educación en éstas, la esquiva capacitación continuada y permanente a docentes y el problema de la articulación de la secundaria y media con la superior y con el trabajo y el empleo, constituyen los temas más escabrosos y controvertidos del problema educativo actual, a la vez que, obligatoriamente, nos ubican en el plano de la reflexión con respecto a esclarecer el sendero que debe tomar la educación colombiana en los próximos años. ¿Cuáles son los retos o desafíos principales que nuestro sistema educativo está afrontando y deberá asumir a futuro? Carlos Vasco, en su conferencia “Siete Retos de la Educación Colombiana”, presenta los siete desafíos de la educación nacional (entre muchísimos que han surgido en estos años) para el periodo de 2006 a 2019.

 

El primero de ellos consiste en cambiar la imagen de la educación dentro de la cultura económica y política, de modo que ésta no sea vista como un “rubro engorroso del gasto público”, sino como la inversión pública más productiva. Hay que mirar en la educación al motor dinamizador del desarrollo político, social, económico y cultural de nuestro pueblo; por lo tanto, no deben escatimarse esfuerzos en invertir masivamente en ella.

 

Como segundo reto, Vasco propone el articular la cobertura educativa (cupos escolares) con la calidad de la misma. Es decir, invertir en la creación de más cupos escolares a la vez que se trabaja por una educación que responda a los intereses y necesidades de nuestros niños y jóvenes, para que, de esta forma, no se siga presentando el triste fenómeno de la deserción que, según cifras de la contraloría, un gran porcentaje del total de ésta se debe, no precisamente a problemas económicos o de desplazamiento forzoso, sino a la percepción por parte de alumnos y padres de inutilidad y aburrimiento en los estudios. El gobierno debe, entonces, crear nuevos cupos reales, pero con inversión adicional, para que cuando sean ocupados por los estudiantes, éstos encuentren suficiente calidad educativa, se sientan atraídos fuertemente hacia el estudio y decidan por voluntad propia no desertar. A su vez, para que los padres, al ver en la educación de sus hijos una actividad fructífera y que abre puertas al empleo digno, a mejorar su calidad de vida, hagan todos los esfuerzos posibles por ayudarlos a continuar. Para Vasco, “sin mucha calidad adicional no es pues posible ni siquiera lograr las metas de cobertura y por ello, las cifras de secundaria y media no han aumentado”.

 

En tercer lugar, Carlos Vasco presenta el reto de pasar de la enseñanza y evaluación por logros y objetivos específicos a la enseñanza y a la evaluación por competencias. El problema de la ineficacia de los estándares, las pruebas y los planes de mejoramiento, según él, radica, entre otros factores, en que los maestros no han aprendido a enseñar para el desarrollo de competencias. Y peor aun, el Ministerio de Educación tampoco sabe cómo enseñar para el desarrollo de competencias, ni cómo formar a maestros que no aprendieron así, para que enseñen de esta forma. Todo lo anterior se traduce en desempeños académicos pobres y bajos resultados en las pruebas aplicadas (pruebas del saber, pruebas ICFES, ECAES), lo cual genera exclusión, desmoralización de los maestros y descrédito para las instituciones que resultan “mal libradas”; se acrecienta la deserción escolar sin que “los padres tengan otra opción de seguir enviando a sus hijos e hijas a las mismas para lo mismo: una educación muy pobre para los muy pobres”.

 

Se hacen necesarias, entonces, acciones concretas por parte del gobierno encaminadas al apoyo de aquellas instituciones que manifiestan bajos resultados en la pruebas. Estas ayudas deben incluir dotación escolar (pupitres, libros, computadores, textos y otros materiales didácticos), planes de mejoramiento acompañados con planes de apoyo, formación docente continuada y permanente, para que, de esta manera, se pueda cumplir con el cuarto reto educacional: La excelencia articulada con la calidad. Porque de lo contrario, como lo afirma él mismo, “la excelencia se queda para los colegios privados con pensiones de quinientos mil pesos y los padres y las madres de familia de estos colegios jamás se van a preocupar por la calidad de la educación oficial”.

 

El quinto reto consiste en conciliar el pluralismo y el moralismo postmoderno con la enseñanza de la convivencia, la ética, la moral, la democracia y la ciudadanía y con la enseñanza de la religión. Para Vasco, el problema de la crisis del sentido de los valores y principios morales radica en que la generaciones pasadas recibieron instrucciones morales y religiosas, pero no las aprendieron ni practicaron. Por otro lado, a pesar de que existen en la educación colombiana estándares de competencia ciudadana, los maestros en la escuela, partiendo de la premisa de que es obligación de cada docente promover la educación ciudadana, ninguno se encarga al fin de ella y si se le asigna tal labor a determinados maestros (los de ciencias sociales, por ejemplo), los jóvenes terminan “acorazándose” por natural repulsión a los sermones o cátedras moralistas.

 

En el sexto puesto del listado de retos educacionales está lograr desterrar la apatía generalizada en nuestros jóvenes con respecto a las ciencias naturales, las matemáticas y las tecnologías a causa de los pobres niveles de educación en dichas áreas del conocimiento. Vasco cree que nuestros maestros no están haciendo uso de las metodologías adecuadas y específicamente de la didáctica que requiere la enseñanza de estas asignaturas, lo cual genera un “suicidio colectivo”, puesto que los jóvenes que no obtienen buenos resultados en estas materias, ven en muchos casos, truncadas sus aspiraciones de continuar o de hacer estudios superiores en esas mismas áreas del saber. Esto además impide que el colectivo social apoye el estudio de estas disciplinas y a los jóvenes que quieren estudiarlas.

 

Por último, al sistema educativo colombiano le corresponde un reto que quizá resulte ser el más arduo de todos: La articulación de los distintos niveles y ramas de la educación. Para esto se hace imprescindible comenzar por articular la educación infantil con la básica primaria e igualmente, la primaria con la secundaria, de modo que cada estudiante encuentre menos insuperables las transiciones o ascensos entre un nivel y otro, evitando así la deserción escolar, que en muchos casos es el producto de la heterogeneidad de los distintos grupos que llegan a conformar un curso. El reto se hace más difícil si se considera la necesidad de articular también la básica secundaria y la media con la superior o la universitaria y con el mundo del trabajo y del empleo.

 

Los desafíos anteriormente planteados no pretenden en ninguna medida acrecentar el pesimismo generalizado sobre la crisis educativa colombiana. Por el contrario, lo que buscan es crear conciencia de la realidad de nuestro sistema educativo y a la vez, despertar un espíritu crítico y constructivo entre aquellos que de una u otra manera participan en el quehacer educativo (docentes, padres de familia, estudiantes); pues es deber moral de todos ellos participar activamente en ésta tan proclamada revolución educativa. Quizá, no esté en nuestras manos la solución a todos los problemas de la educación, pero aun así, eso no nos exime de la responsabilidad de aportar, desde el lugar que nos tocó en este gran sistema, para la construcción de una educación de excelencia. En cuanto al papel del estado frente a la crisis, cabe citar las palabras finales de Carlos Vasco en su conferencia, como una invitación vehemente a la reflexión: “Enfrentar  en serio cualquiera de estos retos va a requerir mucha inversión en tiempo, investigación y desarrollo, en asesorias, formación continuada y detección y fomento de nuevas iniciativas, pero esa será la inversión de más alto rendimiento para el país”.    

 

 

 

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